Confesiones: La sangrienta matanza de los desaparecidos

En las grabaciones de las confesiones tanto Cosmo DiNardo como su primo Sean Kratz relatan los crímenes.

Calmado y sin sentimiento aparente en el rostro, Cosmo DiNardo, ofreció su testimonio ante oficiales de orden público sobre la matanza de los cuatro jóvenes desaparecidos de Bucks County.

Todo inició con la presunta venta de marihuana, pero cada encuentro se tornó en una emboscada.

Las víctimas fueron identificadas como Dean Finocchiaro, de 19 años y original de Middletown Township; Mark Sturgis, de 22 y residente de Pennsburg, Montgomery County; Tom Meo, de 21 y proveniente de Plumstead Township y Jimi Taro Patrick, de 19 y oriundo de Newtown Township.

DiNardo, quien padece de esquizofrenia, fue específico al relatar la forma en que quemó tres de los cadáveres para luego colocarlos en un asador de cerdos. A diferencia de su primo, Sean Kratz, cuya voz se quebrantó al momento del relato. Dijo que cerró los ojos cuando baleó a Finocchiaro momentos antes de que su allegado lo ultimara.

Los hechos iniciaron el cinco de julio del 2017 con Jimi Taro Patrick. El y DiNardo fueron compañeros de escuela en Holy Ghost Preparatory High School en Bensalem. Ese día, el primero quería comprar marihuana y el segundo, quien se consideraba un intermediario con los proveedores de la droga, se ofreció a vendérsela. Describió al distribuidor solo como Carlos.

Previo al encuentro DiNardo le dijo a Patrick que llevara consigo $8 mil para hacerle entrega de una gran cantidad de marihuana. Al parecer se apareció con $800 solamente. Y según DiNardo le dijo a los investigadores, por esa cantidad solo le ofreció venderle una pistola. Patrick optó por bromear, pero en ese momento el otro le disparó por la espalda y cayó al suelo a diez pies de donde lo enterrarían.

“Llegué hasta el hoyo en la parte trasera, cavé un poco más, hice una oración y lo puse en el hoyo”, relató DiNardo en su confesión. Acto seguido se dispuso a quemar el dinero.

“No me interesaban sus $800, no lo maté por eso, yo no estaba robándole”, sostuvo DiNardo al tiempo que agregó que “esto no iba a terminar bien para mí porque si llegaba hasta donde el distribuidor sin el dinero me hubiese matado”.

Dos días más tarde, el 7 de julio, DiNardo recogió dos onzas de marihuana, pero primero se detuvo para hacer una compra de carne y pescado para toda su familia que le costó alrededor de $300.

Con los comestibles en su vehículo manejó hasta la casa de su primo en Ambler y luego hasta la vivienda de su abuela para hacer la entrega de los alimentos. Más tarde tanto DiNardo como Kratz se reunieron con Dean Finocchiaro para venderle un cuarto de libra de marihuana, pero solo contaban con dos onzas.

Su plan fue simple, en vez de venderle nada lo atracarían, quizás hasta acabarían con su vida. Esta no sería la primera vez que DiNardo habría cometido un acto parecido, según le comunicó a Kratz.

“Él quería que le robara todo [Finocchiaro] y luego le disparara”, dijo Kratz en su testimonio. “Yo quería irme a casa, pero [DiNardo] me dejó claro que no me iba a llevar”.

Según DiNardo le dijo a los investigadores, su relación con su primo no era de “amigos cercanos”. Agregó que ambos empezaron a compartir juntos varios meses previos a la matanza. De hecho DiNardo no recordaba el apellido de Kratz.

Sin embargo ambos gozaban de un extensor historial de violencia. DiNardo le dijo a los investigadores que estranguló a un sujeto al norte de Filadelfia y le disparó a otro al oeste de la ciudad cuando era apenas un adolescente. En años recientes, le fue prohibida la entrada a Arcadia University y a la escuela superior de la que se graduó. En estas instancias, los oficiales reportaron que el presunto agresor había hecho sentir incómodos a algunas personas en el campus.

Kratz, por su parte, fue herido de bala en marzo del 2017 en 19 ocasiones y estaba en libertad bajo fianza tras una serie de robos al noreste de Filadelfia. Con toda y su trayectoria este individuo no se consideraba un asesino. "El quería que lo matara en el bosque y le robara todo, pero simplemente no pude", sostuvo en su confesión.

DiNardo y Kratz recogieron a Finocchiaro en Bensalem y manejaron hasta la propiedad del primero. Una vez en Solebury Township los tres recorrieron el terreno en vehículos todo terreno. En el trayecto se supone que Kratz mataría al joven, pero se retractó, por lo que DiNardo se mostró agitado. Los llevó a ambos hasta un granero para que avistaran su nueva motora, marca Vespa, y prendió un cigarro. La víctima sin el más mínimo conocimiento de lo que estaban tramando se puso a verificar su teléfono celular. “[DiNardo] me hizo una señal, un gesto para que tomara el arma. No quise, pero la tomé y apunté hacia el aire, cerré los ojos y disparé”, relató Kratz.

Acto seguido Finocchiaro colapsó al suelo y DiNardo lo baleó nuevamente.

Kratz salió corriendo del granero y vomitó. Su primo lo siguió sonriéndose porque su primo nunca había visto un cadáver. “Su cabeza estaba abierta en dos”, dijo DiNardo. “La mitad de sus sesos están por todo el granero”.

Se presume que DiNardo cubrió el cadáver de Finocchiaro con una carpa de aseo luego de rebuscarle los bolsillos de donde obtuvo efectivo, un teléfono y otras pertenencias. Lo arrastró hasta un asador de cerdos fuera del granero.

En esos momentos, el padre de DiNardo llegó a la finca, según Kratz. Ambos se encontraron, pero el patriarca se fue junto con una mujer, quien no era la madre de su hijo, por lo que cuando el presunto asesino regresó al granero dijo que “los mataría a ambos”, de acuerdo al primo.

Poco después, DiNardo recibió una llamada de Mark Sturgis para hacer una compra de marihuana ese mismo día. Se suponía que se trataba de una tercera emboscada. Esta vez el plan era robarle y luego dejarlo ir, pero Sturgis apareció con Tom Meo y el acuerdo se tornó en algo sangriento.

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