Botanas exóticas, ¿te atreves a comerlas?

En México se conserva el gusto por comer estos 6 insectos y un pescado pequeño, entre otros bocadillos de la época prehispánica.

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La percepción que se tenía de los jumiles ha variado y hoy empiezan a ser integrados en platillos de gastronomía prehispánica. Además, estudios modernos han confirmado que tienen propiedades analgésicas y anestésicas.
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La percepción que se tenía de los jumiles ha variado y hoy empiezan a ser integrados en platillos de gastronomía prehispánica. Además, estudios modernos han confirmado que tienen propiedades analgésicas y anestésicas.
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En México se conserva el gusto por comer insectos, moluscos y pescados pequeños, ya sea como botana o en platillos más elaborados.
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Aquí te compartimos siete variedades que puedes encontrar en ferias de pueblo, mercados típicos y, a veces, hasta en puestos callejeros. ¿Gustas?
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1. Acociles – Son unos crustáceos originarios de México y otros países de América. También son conocidos como chacales, chacalines o langostas de río.
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En Estados Unidos, los acociles pueden encontrarse en estados como Texas, Luisiana y Florida, en las zonas que lindan con el Golfo de México.
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Los acociles se localizan en las pozas y en las orillas de los lagos, ríos y lagunas de agua dulce.
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El sabor de los acociles es semejante al del camarón y, también, al cocerse adquieren un color rojizo. Fueron una fuente nutricional importante en la época precolombina.
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Los acociles se comen solos, con limón, chile y sal, pero también en caldos y cocteles de mariscos, y en tacos acompañados con salsa. Actualmente, se usan en platillos sofisticados que reconocen a la comida prehispánica.
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2. Caracoles – No son exclusivos de la gastronomía mexicana, ya que su uso como alimento también está documentado en la historia antigua, entre los romanos y griegos, por ejemplo. Pero en México son altamente apreciados.
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En México se les conoce como caracoles de tierra o de panteón, para diferenciarlos de la variedad que procede del mar.
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En la meseta central de México hay granjas donde se cultivan los caracoles para abastecer la industria gastronómica.
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Los caracoles son servidos como botana en las tradicionales cantinas que hay en México, donde pagas la bebida y te “obsequian” diferentes platillos para degustar.
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Los caracoles pueden ser preparados en caldo, adobo, pipián, mole verde y otras salsas que fusionan la gastronomía prehispánica con la española colonial.
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3. Chapulines – Son uno de los insectos más utilizados en la cocina heredada por los mexicas, los zapotecas y los mixtecas, aunque también otras culturas mesoamericanas los usaban.
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El nombre de chapulín proviene del náhuatl y significa “insecto que brinca como pelota de hule”. Si los has visto en su hábitat, sabrás que así lo hacen.
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En los mercados tradicionales y tianguis indígenas de Oaxaca y otras regiones de México, incluso en la capital del país, puedes encontrar cerros de chapulines listos para ser comidos.
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Desde la época prehispánica, los chapulines han sido muy apreciados como botana, y eso gusto prevalece, ya que los venden listos para agregarles limón y chile.
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Los chapulines se preparan primero hirviéndolos unos minutos y, después, se tuestan en un comal. Los usan en diversos platillos: sopas, guisados, ensaladas y ¡hasta postres donde se bañan con chocolate!
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4. Charales – El charal es un pez muy pequeño, de entre 6 y 12 centímetros, que se reproduce casi únicamente en los lagos de México, como Chapala, en Jalisco, y Pátzcuaro, en Michoacán.
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Por la demanda que tiene, también ha sido llevado a cuerpos de agua dulce de México para que se reproduzca.
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En zonas lacustres de México es posible ver vendedores que ofrecen vasitos de charales fritos, listos para comerse. La gente generalmente les agrega sal, limón y chile.
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Los charales se preparan de diversas formas, ya que pueden ser secos y fritos o agregados en platillos calientes.
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Los charales pueden ser un ingrediente para omelettes, para hacer tortitas fritas en salsa roja o prepararlos en salsa verde con papas en cuadritos, por ejemplo.
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5. Chinicuiles – Son conocidos también como tecol, gusano rojo o gusano colorado, que es como les dicen en el estado de Oaxaca.
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El chinicuil es una oruga de color rojo que mide unos 3 centímetros de largo y se reproduce debajo del maguey.
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La temporada de lluvias es la época de mayor producción de chinicuiles en los magueyes, ya que las orugas roen sus tallos para alcanzar su interior jugoso.
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Los chinicuiles pueden ser comidos como botana o en platillos elaborados; quienes los preparan los cuecen vivos en comal, tostados o fritos.
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Los chinicuiles se comen solos, en tacos o con los dedos, o los muelen en un molcajete para preparar salsa roja, verde o guacamole.
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6. Escamoles – Son larvas de hormiga (Liometopum apiculatum) y su nombre proviene del náhuatl que significa, justamente, guiso de hormigas.
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Desde tiempos prehispánicos, los escamoles han sido muy apreciados y formaban parte de la alimentación cotidiana de los habitantes de Mesoamérica.
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Hoy en día, los escamoles son vistos como un alimento exótico y son bastante consumidos en los estados de Guanajuato, Hidalgo, Puebla de Zaragoza y Tlaxcala.
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Las larvas de hormiga, conocidas también como azcamolli, huigues, chiquereyes o maicitos, se comen fritas con mantequilla y epazote, en mixiote, en mole, en barbacoa, con huevo, entre muchos otros guisos.
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Los escamoles son considerados el caviar mexicano. Un kilogramo tiene un precio de alrededor de mil pesos, debido a lo complejo y arriesgado que resulta extraerlos de los hormigueros.
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7. Jumiles – También conocidos como chinche de monte o xotlinilli, son unos insectos comestibles.
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Los jumiles miden menos de un centímetro y las hembras son más grandes que los machos.
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El consumo de jumiles ocurre sobre todo en los estados de Morelos y Guerrero, donde los insectos tienen un sabor a canela que procede de los tallos y hojas de los encinos de los que se alimentan.
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En Taxco, Guerrero, y otras partes de México se les come vivos y son muy apreciados por las comunidades indígenas.
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La percepción que se tenía de los jumiles ha variado y hoy empiezan a ser integrados en platillos de gastronomía prehispánica. Además, estudios modernos han confirmado que tienen propiedades analgésicas y anestésicas.
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